Algunas personas conciben la desaparición de todo contacto público como un necesario viaje al centro del universo de si mismos, como me sucedió a mí por seis largos meses, donde desistí de cualquier actividad blogera por un buen tiempo. Otros por el contrario, deciden emprender un largo camino al Asia Central, al suroeste de China, a la empinada elevación del Tibet, para encontrar en lo máximo de su cúspide, donde falta el oxigeno, respuestas a preguntas que aún no se habían formulado siquiera. Hay quienes de otra forma deciden esconder y desaparecer su existencia dentro de una hamburguesa corriente, bañada en salsa tártara e inundada de todo el salado sabor de la cotidianidad. (Aún trato de salir de esas redes). Pero al fin de cuentas unas y otras son alternativas, unas y otras son acertadas desde la particularidad de la subjetividad. Pero en el caso puntual de mi receso: necesario, forzado, justo, oportuno, chiflado, lo cierto es que al fin se acabó después de 189 días con todas sus noches completas.
Para revivir de nuevo en el mundo de las letras, lo más sensato de mi parte sería comenzar el ejercicio blogero mencionando qué cosas de mi vida cambiaron, cuáles se estructuraron, cuáles se reafirmaron durante la ausencia de mis letras y el receso forzado. Pues me temo, me lamento, me adolece reconocer que pocas cosas de mi vida cambiaron del todo en mi receso de letras. Conocí por distraído nuevos lugares, me sorprendieron nuevas cosas y formas coloridas, me dormí más temprano de la cuenta, quise aprender a fumar, fallé en mi intento por embriagarme, probé vestirme con nuevas texturas, reafirmé el temor a las alturas, extravié unos pesos, me aquejó el alma y se me achicharraron algunos sueños. Probé nuevos sabores en nuevos locales, nuevos libros con autores iguales, algo de música distinta pero el mismo son. Me estrellé un par de veces, me levanté el doble de esas veces, decepcioné al infinito y de seguro no me alcanzará esta vida para saldar mis pendientes. Hice reír en cantidad pero sobrevino el llanto y lo superó por más de cien home run las rápidas lágrimas. Realicé menos de lo que soñé, ame menos de lo que merecían, lloré más de lo que origami practiqué.
Ciertamente cantidades de cosas de mí no cambiaron mucho en mi ausencia de letras, porque sencillamente no pueden ser del todo malas. Sigue mi gusto por las buenas letras, está intacto el ánimo que me roba el óleo y el acetato, no supero el agrado por el olor a verde ni las ganas de inflar globos de colores en días grises. Se mantiene las pendejadas que me distraen cantidades y que no superan el intelecto de una pie de manzana, continua mi progresiva pérdida de la memoria y mi motricidad no ha variado mucho. No cambió mi ritmo por el asombro y la magia infantil, continua tal cual esa idea de saberme libre de pecados y de culpas, sudándolas de perdones y de correcciones. Mi idea de Julieta es más grande que yo mismo, por eso ni siquiera pude contemplar mudarme de anhelo. Mis culpas siguen siendo arrastradas sin remedio porque esperan eso precisamente; remedio. Aún me sigue aquejando el talón de mi pie derecho, mi barba continúa su camino inexorable hacia las canas y mis entradas parietales hacen fiesta en cada ducha. El dulce sigue marcando mis días y pronto me llevarán a una irremediable diabetes. (Sería buena idea el coma diabético).
Se mantiene erguido ese brillo corneo por las ideas simples, por los chistes flojos y los juguetes feos. Aún conservo unos zapatos que me recuerdan que soy un tipo que anda mucho, vive cantidades y olvida poco. El deseo gastronómico por los escurridizos camarones sigue vivo y en ascenso y mis días de lluvia en la ‘Chapulina’ (moto) están ahí; inmaculados, inmarcesibles… Sin embargo; es necesario, justo, oportuno y de caballero, ratificar que muchas, cientos, quizá miles de personas merecen de corazón y de pecho mis más sinceras disculpas y mis más condolido perdón. Así que perdón por cada una de tus lágrimas que fueron para mí, sin merecerlo y desde luego, agradecimientos totales a cada una de tus sonrisas que marcaron el comienzo sostenido de las mías. Aparecí de nuevo, sigo aquí, pongo mi cara y mis letras y el pecho a lo que venga, que ha de venir.
Fecha: Jueves 19 de marzo de 2009.
Lugar: oficina Idea: Resolver el “ Rubick”
Antojo: una Ardilla
Color: Zapatos Amarillos
Anhelo: Llorar más seguido
Chisme: DMG
Música: Andre Rieu

