Hay días de días, para que negarlo. Anoche todo fue color, destellos, baile y posaderas deslumbrantes < una que otra, por supuesto> Una cerveza esporádica, una par de charlas intencionales y un conato de amistad. Un escote pronunciado, provocativo, que incitaba al delito sexual, una hamburguesa trasnochada y dos comentarios sobre el TLC. Pero llegó el día siguiente: la terca mañana que aclara y atormenta todo.

Esta mañana desperté divagando y pensando en tratar de no pensar en absolutamente nada, para no pensarte tanto. (ja, ja, gracias imaginación) Imaginé que mi conciencia racional de buenas a primeras se infartaba y perdía la existencia. Posteriormente imaginé que podría reencarnar en cualquier objeto inanimado de mi casa. Pensaba que yo podría vivir en la triste ‘objetividad’ de cualquier cosa inerte; sin importar para nada su forma o color, su tamaño o función, su material o textura.

Comencé por suponer que yo podría ser ese acicalado pocillo conmemorativo en cuyo exterior se graba el mensaje: “11 años, nuevos rostros nuevas voces” <¿Lo estrenaste?> y que podría observarlo todo desde el stand de la cocina. Sabría por ejemplo cuándo mi madre se va a exceder con la sal en las comidas y también, por supuesto, sabría hacia dónde carajos se marchan las cucharas que se desaparecen del juego de cubiertos. (¿Al cementerio de cubiertos? ¿Al bolsillo de un fetichista?) Imaginé que quizá también podría ser hasta el pocillo espanta ratones (y es que como salen en casa) o comenzar un furtivo romance erótico con una de esas atrevidas copas ‘champañeras’ que reposan en la gaveta, y lo mejor de todo; sin tener inconvenientes con nadie, sin lastimar o ser lastimado, pero luego recordé esas largas y extenuantes jornadas de chocolate y tinto que después terminan en lectura astral y esotérica, de modo que desistí.

Supuse de igual manera que quizá yo podría reencarnar en uno de mis propios libros, a lo mejor en uno de los menos leídos: “La oración de la Rana” y observarlo todo desde la profundidad de esas letras; para escribir y reescribir una historia propia, una íntima que me llenara de afectos, de odios y de amores, pero más que nada; para intentar entregarle todo mi amor literal a una letra. Pensé por ejemplo que yo podría seducir a la letra ‘X’, porque parece una mujer geométricamente perfecta que me espera siempre con los brazos y las piernas abiertas. (Sin transgredir al género) Pensé que podría embarazar a la letra ‘W’ porque me parece una letra deliciosamente concupiscente y poliformicamente sexual. Pero entonces recordé que existen letras mudas como la ‘H’, absurdas como la ‘R’ y tan vacías como la ‘O’ que no quisiera ser nunca. También desistí.

Recurrí entonces a considerar mi reencarnación de conciencia en otro objeto inanimado: el control remoto del TV. Ergonómicamente apuesto, con poder de decisión absoluto y esa facultad especial de tele transportar del saber al creer saber, o del convencer al retorizar. Además me seducía la idea de saber que es llevado por propios y extraños a lugares insospechados de la geografía corporal, escondido en lugares recónditos y defendido por encima del bien y del mal (Nietzsche) Pero entonces recordé que enemista, divide familias, acaba amores, desinhibe el deseo sexual, y acaba el bolsillo ( $ ) Nada que hacer.

De modo que merodeando por tantos posibles objetos, que se me quedaron sin redacción, y que podrían funcionar para mi reencarnación racional (Suponiendo que eso exista insisto, ja, ja, ), pero que al final terminan dándome la razón del por qué son precisamente eso: sólo tristes objetos inanimados. No me queda más remedio entonces que conformarme con lo que me tocó: una desvencijada humanidad, un cuerpo lánguido y malogrado, una sonrisa idiota, unos ojos bobalicones, una extraña suerte, un pene promedio, un par de fantasías y una maravillosa manía ( por demás absurda) de escribir por todo lo que en alma siento. (me siento como en el filme: and the winer is, de Woody Allen)
Y en ultimas mis apreciados y odiados:¿Ustedes que objeto hubieran querido ser? No necesitan contestarme: ‘florero’, ‘espejo’, lápiz, depilador, discman, ‘probeta’, calculadora, balón de basketboll, teodolito, escárpelo y hasta frutas (¡Ups!, se me chispotió)...pero como en ultimas todo me suena ahora mismo al piano sensible de Rachimininov, ni modo.

Noviembre 20 de 2005
10:20 AM
En un estado Infantilmente tonto.