Entre niños; uno más
De niño aprendí y me enseñaron que con la letra A se escribe Amor, pero también se escribe Angustiado, Atormentado. Con la letra E se escribe Elefante, pero de igual manera Enfermo, Ególatra, Egoísta. Con la letra I se escribe Iglesia, como así mismo Injuria, Indulto, Imbécil; con la letra O se escribe Oblea y desde luego también se escribe Orgía, Orgasmo y sin más ni menos, con la letra U se escribe Uva y la simpática Utopía y desde luego el cuasi prometedor Uribe.
Se me viene todo esto a la mente después de una jornada de sensibilización escolar llena de: cuentos, sonrisas, golosinas y el mismo vacío de siempre en el estómago. (Un suicidio latente que espero algún día se cumpla antes que yo lo haga) Niños sonriendo como idiotas teletubis, como lo que son; niños. Corriendo de aquí para allá, detrás de mí, persiguiéndome como horribles pasados, pidiéndome más cuentos, más historias, más risas. En ese momento, el cansancio me venció y yo sólo pretendía correr, huir y zafarme a no menos de cuatro niños que colgaban de mi pantalón; mientras yo con mis pasos largos los arrastraba por el césped, tratando de extraviarme de ellos. Niños infames, dulces y tristes, pequeños, inocentes, perdidos y encontrados. Niños del maíz; diría yo. Niños sin futuro y sin ideas, con dolores y dos aguas de panela. Niños que pensaban que yo era una salida y no sabían que sólo soy un callejón cerrado, trancado y lleno de demonios, pero también de dulce; y eso sí que les di.
Diego, uno de los niños que más atrajo mi atención, por su infantil inteligencia, que de seguro me habría podido haber hecho quedar a mí, si tuviera su misma edad, como un sonso, un pinche ñoño sin merienda ni recreo; me sorprendió el gesto cuando sin más ni menos me dijo, con su acento de campo y trocha, que a él nunca le habían contado un cuento. Que ya tenía doce años y que jamás lo habían hecho reír tanto con el cuento del Elefante rosa con punticos azules, o el del Enano sin corazón. No supe si perder mi mirada en el basto campo, si dejarme tocar por uno de sus abrazos, si dejarme llenar los pulmones de esa fuerza interior, o lanzarme de cara contra una de esas plastas de fresca mierda de vaca. Por fortuna el peligro de pisar un barranco pantanoso nos sacó a los dos de semejante circunstancia.
La jornada que había empezado muy temprano de la mañana llegaba a su fin con el implacable y siempre mordaz sol de medio día. Los niños de la escuela a sus casas, para algunos el regreso fue a caballo, mientras que para otros, fue un largo tormento de más de una hora de caminata. Empaqué mis cosas: cámara fotográfica y de video, colores, plastilina, dulces, morral, miedos, ganas de camarones, y ¡zuas!, mi transporte llegó a recogerme. Camioneta cuatro puertas, con aire acondicionado, tarro de agua mineral, bien helado. Fue como regodearme en la leche mientras unos lamen la mierda de tigre flaco. Preferí cerrar mis ojos, fingir cansancio, y creer que el calor doblegaba mi sueño. No quise ver más esa pendeja escena. Deje que se alejaran contentos y majos, por entre los ramales. Quise seguirlos, debía seguirlos. Quise evitarles el recorrido. Quise… meterme un panal de abejas por la boca y sufrir lo mismo. Me haría falta más dolor que el que somete un alma al vuelo de una libélula sin ojos. Entonces el silencio me llenó la cabeza y recordé aquel día de jornada cultural, en 1984, cuando por azares del destino gané una corta carrera de atletismo: vistiendo una fea pantaloneta de remate, una desteñida camiseta de tantas posturas, y en vez de tenis unos zapatos grulla de material muy pesado. Con mi cara de idiota gané esa carrera y por millones de años fui feliz. Tanto que casi me veo celebrando mi victoria, sosteniendo en mi mano un vikingo casero de mora, y no perdiendo de vista los cachetes rosados de la pequeña Dalia, de cuarto B.
Octubre 13 de 2006.
11:50 de la noche
Clima: de roces
Comida: Aún no
Pasión: letras
Secreto: dos besos y un ping pong
Odio: todos y hasta más
Salud: estómago vacío
Sueño: no soñar más de dos noches
Adiós: lo sigo pensando
Regalo: suicidio


Amén dijo
Ay dios, muérase de una y deje tanto teatro......
15 Octubre 2006 | 05:38 PM