Relámpago fulminante que encandece los sentidos no descubiertos por la razón. Haz de luz diáfano que traspasa el queso en mantequilla de la generación cósmica. Magia nuevona y galáctica que doblega el reino de las estrellas. Suspiro fugas de meteorito en apuros galácticos. Truco ancestral de madre selva que entona silbidos del dios mudo y ciego que gobierna las ideas. El violín encantado irrumpe en el silencio con la gracia del mejor: ¡todo poderoso! La piel y el imperio de los sentidos hincan su orgullo y se doblegan en genuflexión ante los instintos máximos hechos nota musical. Es el ronroneo maravilloso de duendes y querubines desterrados del paraíso y la manzana, embriagados y dichosos de la infame vida. Es la imagen nítida y perfecta pasada a la generación que ya nació y que pronto volverá a morir para ser libre. Es el acorde musical que desgarra al ser y lo eleva a la categoría privilegiada de ser la completa y absoluta nada. Es la chispa que se duplica en el espejo eterno y se refleja toda en policromía sin explicación alguna.
Es ella con esa gracia de ninfa Cleopatra, de veneno puro y delicioso, es jugo de abeja reina virgen que humedece esa parte que no se ve. Ella en cada nota de su música me excita las letras y la imaginación que deja de ser insensata y corta para volverse encarnadora y sagaz cuando empieza a sonar el agudo roce de sus cuerdas. Sinfonía hecha para todos y para nadie. Goce perpetuo al que sólo está invitado el generoso artista que descifra la vaga idea que se esconde en el acertijo de sentir con los sentidos.
Si los que saben y entienden sobre esa forma de sonar y crear pudieran sentir su música como yo, de seguro dejarían de ser armatostes ejecutivos para trasformarse en antojo de algo que nunca se podría ver ni tocar. Yo reclamo la clandestinidad de la asesina del violín que hace del silencio su victima de turno. Silencio inocente, púber, que se viste de charol y encaje para ser asediado por la mano que mece el violín. Silencio absorto, cruel y sin significado que existe sólo para ser violentado e irrumpido por los acordes únicos de las notas de las nubes y las llamas. Es el sonido madre de todos los sonidos que aún no existen. Es la música que inventó las notas y los acordes para la última marcha de los días.
Si tan solo estas letras pudieran esa perfección. Si tan solo mis manos empuñando letras pudieran describir lo que la parte de adentro que no se ve canta y siente cuando el pecho gime la ultima nota del corazón roto y sangriento. Ya no puedo ser el mismo cuando en las paredes de la razón rebotan las hondas que le dieron origen al universo. Antes nada era, después un violín apareció para escribir el destino final de una raza que se extingue sola por no comprender que la belleza no esta en una vitrina de Vercsace.
12 de noviembre de 2006.
Hora: diez menos cuarto más media hora solitaria
Gusto: Encantado como un sapo
Piel: Más dueña de sí que de mí
Violín: Vanessa Mae
Pasabocas: Tacho de pollo, otra vez.
Sexo: El de los ángeles muertos.
Mujer: La misma pero al revés
Medias: Enteras, clásicas.
Color: Rojo sangre, sangre, odio.
Interprete: Vanessa Mae
Canciòn 1: The Devil's Trill
Canciòn 2: Plays red hot


Me choquè con este blog y lo harè de los mìos, me gusta como escribes y el gusto musical me agrada, te volverè a leer señor Jaime